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El paisaje urbano

  • El paisaje urbano
Las primeras imágenes que las artes nos han legado de nuestro país datan, salvo alguna precursora excepción, de las décadas iniciales del siglo XIX.

El desarrollo del arte argentino coincidió en el tiempo con el proceso de conversión de la aldeana Buenos Aires colonial, cabecera del más austral Virreinato hispano, en la ciudad pujante, capital de la joven república e imán de una formidable corriente migratoria que atrajo a su puerto a brazos fuertes y mentes abiertas e ilusionadas.

Con este aporte así impulsada, la antigua cuadrícula de pocas calles centradas en la plaza mayor se expandió velozmente, favorecida por una llanura que se veía infinita.

Testigos de privilegio, fue de los artistas pioneros la responsabilidad del registro visual de aquellos momentos fundacionales.

Los viejos adobes fueron cediendo espacio a las expresiones arquitectónicas acordes a la época. Y al ritmo de los constructores, los pintores plasmaron sus realizaciones.

El paisaje urbano trascendió su condición de género artístico para convertirse en testimonio de la ciudad naciente, reflejo de una sociedad en gestación, crisol de legítimas ambiciones y entusiasmos.

La ciudad como tema de los artistas que la habitaron es el leit-motiv de la muestra que en esta renovada ocasión de las gallery nights porteñas ofrece la colección Paideia de Estudio Garrido Abogados.

Tras la senda que marcaron Alfredo Lázzari y Pío Collivadino, que llegó a prepararse un verdadero taller ambulante con el que recorría barrios y rincones de la ciudad buscando las imágenes de sus telas y cartones, siguieron los hoy y aquí presentes en sus obras.

Están Arcidiácono, Ferrini, Oroquieta, Imperiale y Di Taranto, que dieron preeminencia a los motivos de la Boca. También Heynemann, Mariani y Vidal Barros, que sobrepasaron los límites de sus barrios. Y los amigos Repetto, Lococco y Jarry, que tras pintar Buenos Aires llegaron con colores y pinceles a las calles de Nueva York y París. Los italianos Zaino y Cerrito, tras inicial permanencia en esta ciudad se instalaron en Rosario y en Córdoba. Están también Gorrochategui y el austríaco Ringer, y la andariega acuarelista Lola Frexas, que continuó la labor de Jorge Larco.

Todos ellos, y algunos más, están esta noche en los paneles que, como estaciones de un recorrido virtual, componen la muestra. La ciudad entrega sus calles, sus esquinas, sus cielos luminosos y sus patios en sombras, sus parques arbolados, el refugio de sus cafés y la intimidad de sus rincones. En el radical recorte del espacio plástico, todo se transforma en acotados escenarios ideales para la vida humana. Tras las puertas se adivinan las presencias, las figuras anónimas, a veces apenas esbozadas, adquieren dimensiones protagónicas, y una ventana abierta es una infinita invitación. En el paisaje urbano, la naturaleza, contenida y a veces soterrada, cede a la ciudad, creación humana, el rol de inspiradora de la actividad artística.

Adrián Gualdoni Basualdo
Agosto de 2012
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Carlos Castagnino
El río
Colección Paideia